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Homenaje a José Luis González Córdova

agosto 17, 2010 by  

Don Chino de Tía Chena
-Historial del deporte basados en historias reales
-En mero comiteco
Recopilador : Alex  “Mota”.
Don Carlos López Pérez, tenía en 1970, 40 años y era más conocido en el Barrio de los “Zanjones” como don Chino de tía Chena; doña Chena, mujer muy conocida porque su especialidad era cocinar la chanfaina y los patzitos de pitaul. Desde hacía algunos años estaba casada con don Chino, al que le decían así, porque en la tzola tenía una bien cuajada mata de pelos erizados, que parecía festón de juncia; don Chino se dedicaba entre semana a la noble labor de hacer tejas y ladrillos, pero los fines de semana era jefe de meseros; ya tenía bien vista su cuadrilla, él y tres auxiliares; don Chino se había ganada su buena fama en todos los guateques de la ciudad.
A tanto había llegado su renombre, que un día lo llegaron a contratar unas personas de Tuxtla Gutiérrez, don Chino preguntó antes de hablar de pesos y tostones: ¿cómo lo quieresté, con chaleco o sin chaleco?, porque con chaleco cuesta $25.00 y sin chaleco $20.00; y como es fuera de Comitán, nos vasté a dar lo de nuestro pasaje en la “Diego de Mazariegos”; total que se pusieron de acuerdo con los dueños de la fiesta, en la hora y el día.
Llegado el momento, don Chino y sus tres ayudantes se alebrestaron y agarraron camino rumbo a la Capital del Estado; pero ni la moral alta que llevaban impidió la gran vomitadera allá por las curvas de “Joigelito”, pero aún así, entre su mareo, les alentaba la idea, de que eran los primeros exportadores de meseros. Llegaron al lugar convenido en el centro de Tuxtla, don Chino quedó sorprendido por la elegancia del salón. -Pucha vos Chalío, le dijo a uno de sus auxiliares, vastar bueno el zapateado, mirá la orquesta, que chula se ve con todos sus “excrementos”. Le echemos pue ganas pa’ que nos guelvan envitar.
En la fiesta los meseros eran unas balas. Pronto empezaron a sentir los estragos del calor, y era cerveza por viaje. Don Chino les decía: no se vayan a desmandar, mídanse, pa’ que lleguen al final. Todo salió bien; en la madrugada cuando ya se había ido el último bolo, ellos empezaron a levantar todo, y ese fue el momento en que le tupieron macizo y como era traguito fino, pues no le hicieron muchos gestos y más que ya estaban empezaditos, siguieron chupando los cuatro en una de las bancas del parque central. Poco a poquito les fue agarrando el sueño. Don Chino sintió que lo estaban trastiando, pero no quiso abrir los ojos. Pero ya no pudo más cuando los rayos del sol le dieron de lleno en la cara; abrió los coyzates y miró a sus chalanes, los tres estaban blancos de la cruda y del gran flato. ¡Don Chino, nos robaron!: se llevaron nuestro dinero, los chalecos y hasta las charolas. Don Chino no tuvo respuesta a su primera pregunta: ¿cómo pudo pasar esto?, si él siempre había tenido el sueño ligerito. Tal vez fue por la debilidad de la vomitadera, por el traguito, por el calor o por el cansancio; la cosa es que los habían pelechado.
CONTINÚARA EN LA PRÓXIMA EDICIÓN…

 

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